La interpretación de la elección presidencial de 2006 en México como el fraude organizado para perjudicar al candidato de la Coalición por el Bien de Todos: Andrés Manuel López Obrador, y beneficiar a Felipe Calderón Hinojosa del Partido Acción Nacional, tiene todas las características de un mito político.
Por una parte, se trata de una creencia imaginaria que no puede justificarse racionalmente con base en los acontecimientos sucedidos: no corresponde con la labor de los ciudadanos participantes en las mesas directivas de las casillas (incluyendo el llenado de las actas correspondientes), ni con el registro de la votación en el Instituto Federal Electoral.
Por otra parte, dicha creencia no sólo sirvió para cohesionar a un sector importante de la población de país porque le brindó una explicación de una experiencia muy difícil: la derrota electoral del 2 de julio, sino también permitió movilizarlo alrededor de la demanda del recuento generalizado de sufragios: "voto por voto y casilla por casilla"